Francisca Isabel Suazo Mansilla y María-Belén Bravo Oyaneder
Cultura Legal
Marzo suele traer: flores, desayunos y saludos en redes sociales, en conmemoración al día de la mujer. Pero en el ecosistema de PyMES y las Startup, donde los equipos son pequeños y cercanos, los cuales, no suelen constituirse por más de veinte personas. La protección de las trabajadoras no puede quedarse en un discurso para cuidar la imagen corporativa. Hay que entender que el 8M en el ambiente laboral no es una celebración; es un recordatorio de que la seguridad de las personas (especialmente de las mujeres) es el piso mínimo para que cualquier negocio sea sostenible. No necesitamos homenajes laborales ni discursos sobre el "rol femenino"; necesitamos entornos donde las mujeres no tengan que elegir entre trabajar o resistir, porque la verdadera conmemoración comienza cuando la prevención deja de ser simbólica y se convierte en acción.
Esto no es una percepción social, sino que estamos ante un problema de cultura organizacional real, en que el acoso suele camuflarse bajo la confianza del "aquí todos nos conocemos". Según cifras de la Dirección del Trabajo al cierre del 2025, se recibieron más de 66 mil denuncias, de las cuales el 66,7% fueron interpuestas por mujeres; lo más alarmante para quienes emprenden es que casi el 30% de estos casos ocurren en micro y pequeñas empresas. El dolor aquí no siempre grita: se adapta en forma de silencios que pesan, bromas normalizadas o pequeñas invalidaciones que nadie corrige. Muchas trabajadoras no denuncian porque anticipan que el costo psicológico de ser tildadas como "conflictivas" en un equipo reducido es muy alto frente a el poco resguardo que ofrecen las empresas donde trabajan, convirtiendo al silencio en una triste estrategia de supervivencia.
La Ley Karin no llegó para burocratizar las empresas, independiente del tamaño que tengan, sino para advertirnos que la gestión de riesgos psicosociales y legales es la única herramienta que realmente protege a esas trabajadoras que hoy saludas por su día. Una empresa que conmemora el 8M, pero no ha capacitado a su equipo, genera una disonancia que erosiona la confianza y comunica un mensaje de desprotección. Proteger a las trabajadoras, no es sobre celebrar su resiliencia, es sobre reducir las condiciones que las obligan a resistir.
¿Cómo pasamos entonces del "cumplimiento de papel" a una gestión preventiva real? Proteger no es regalar flores; es cumplir con la realización de las capacitaciones obligatorias y que las personas puedan entender realmente el contenido de esta, y no quede toda la información olvidada en un PDF con miles de páginas que nadie leerá, es crear una ruta de apoyo y auxilio activable y segura. Si profesionalizamos los liderazgos para que las personas sepan intervenir y se medirá el clima laboral con honestidad en la búsqueda de riesgos, se logrará que la Cultura Legal deje de ser una obligación impuesta y se convierta en un acto de justicia diaria. En este 8M, el desafío para las Pymes es entender que la cultura de una empresa se construye en lo que tolera, no en lo que declara. No se necesita una Karin Salgado más; se necesita una menos.
